La Puerta de la Independencia
LA HISTORIA TRAS LA PUERTA
Este año comenzaron los festejos del
bicentenario. Y queremos rendir homenaje a un
símbolo muy especial: La Puerta de la histórica casa
de Tucumán.
Ella vio nacer la patria, escuchó
declarar a viva voz la independencia, presenció el
ir y venir incesante de los ansiosos patriotas.
¡Cuánto atesora una simple puerta!
Hagamos
una breve reseña de la Puerta de la Casa de Tucumán.
La casa de Tucumán tiene su origen en una vivienda
del siglo XVIII. Hacia 1765 pasó a ser propiedad de
Doña Francisca Bazán de Laguna quien según la
tradición la prestó en 1816 para el magno
acontecimiento.
Fue demolida en gran parte en el
año 1903 y como consecuencia la puerta fue a formar
parte de la colección privada de A. Gnecco en la
provincia de San Juan. En 1942 sus herederos la
donaron al museo de Luján.
La puerta hasta hoy
fue motivo de disputas y reclamos. En el 2007 fue
“prestada” a la provincia de Tucumán por tiempo
indeterminado. De esta forma regresó –podemos decir-
definitivamente a su provincia.
En el
bicentenario, la Puerta de la Independencia puede
ser tomada como una metáfora de la nación, que luego
de muchos desencuentros se reencuentra con si misma,
alcanzando ese futuro de grandeza que nuestros
próceres imaginaron.
La puerta colocada en
el frente de la reconstruida casa histórica es una
réplica de la original hecha a partir de la foto de
A. Paganelli de 1869.
Se trata de una puerta
doble de rebatir, hecha en madera de cedro. Cada
hoja posee cinco tableros salientes hacia el
exterior, unidos al bastidor por medio de clavos.
El bastidor mide 2.6 m de altura y tiene un espesor
de 5 cm. El marco se destaca por su gran dintel,
destinado a soportar la carga del muro.
Las hojas
cuelgan de su marco por medio de dos goznes de
estilo barroco.